La decadencia de la Escolástica estuvo determinada por
dos corrientes de pensamiento: la mística,
que no admitía una defensa racional de la fe, y El nominalismo, que consideraba que el conocimiento debía tener una
base experimental.
Roger Bacon y
la ciencia experimental
Este filósofo y científico inglés (1212-1294)
perteneció a la orden de los franciscanos y representantes más destacados de la
escuela de Oxford. En su libro Opus maius hay dos formas de conocer: por argumentación y por experiencia. A su
vez, la experiencia es de dos clases: la experiencia interior o iluminación y
la experiencia externa o sensorial. La experiencia sensorial es necesaria para
adquirir el conocimiento tanto filosófico como no filosófico, pero es
insuficiente para darnos conocimientos ciertos acerca del mundo, por lo que es
preciso acudir a la iluminación divina.
Bacon no sólo fue famoso por su empirismo, sino por ser
una especie de visionario de la aplicación del saber científico al desarrollo
de tecnologías. Construyó lupas y otros instrumentos ópticos.
“Cuatro son los impedimentos que encontramos para alcanzar la verdad: el ejemplo de una autoridad frágil que no merece crédito, la duración de la costumbre, el sentido del vulgo imperito y la ocultación de la propia ignorancia con la ostentación de una sabiduría aparente” Roger Bacon |
Duns Escoto y
la voluntad divina
Este pensador escocés (1266-1308), también de la orden
de San Francisco, fue conocido como el “doctor sutil”, por la agudeza de sus
ideas. Fue uno de los críticos más incisivos de la filosofía tomista. Escoto se
opuso a la idea tomista de que la teología es una ciencia, pues lo que es
cierto desde el punto de vista de la fe, es solo algo probable desde el punto
de vista racional. La filosofía no se
debe ocupar de temas metafísicos relativos a los atributos de Dios, la
inmortalidad del alma o la creación del mundo, pues sobre dichos tópicos no es
posible demostrar y conocer nada. Escoto también rechazó la idea tomista de un
Dios racional que gobierna al mundo a través de leyes eternas e inmutables.
Dios es, más bien, una pura voluntad libre. En consecuencia, el mundo exhibe el
orden que exhibe porque Dios lo ha querido así, no porque existan unas leyes
inmutables que Dios no pueda, si quiere, cambiar a voluntad.
El maestro
Eckhart y la mística
La mística especulativa fue un movimiento alemán que
floreció durante los siglos XIII y XIV. Su principal exponente fue el dominico
alemán Johann Eckhart (1260-1327).
Su idea fundamental consiste en que Dios es un ser trascendente que no podemos
comprender a partir de ningún discurso teológico o racional, como creía Santo
Tomás. Considera, por tanto, que debe haber una especie de conocimiento de tipo
místico que le permita al hombre tener un conocimiento experiencial de Dios.
Para ello dice, “Debes hundirte en tu
mismidad y disolverte en la interioridad de Dios, y tu yo tiene que llegar a
ser mi yo en su yo, de un modo tan completo que tú comprendas su ser que no ha
llegado a ser y su nada, inefable”
Guillermo de
Ockham y el nominalismo crítico
Este pensador inglés (1290-1349), perteneciente a la orden de San Francisco, plantea una filosofía de tiempos de crisis y de transición histórica.
Vivió en una época en que la peste y las guerras acabaron con buena parte de la
población y cuando el poder del Papa se vio seriamente debilitado debido a la
división de la Iglesia, que en este tiempo tenía un Papa en Roma y otro en Aviñón.
En este contexto, Ockham enfiló las armas de su
pensamiento en contra de la escolástica y preparó, con sus ideas empiristas y antiaristotélicas,
la revolución científica que daría lugar al Renacimiento. Creó el Nominalismo, doctrina según la cual no hay esencias universales en la
realidad, pues esta solo consta de seres particulares. Las esencias, por su
parte, son sólo conceptos de la mente.
·Fe
sin razón y crítica a la metafísica.
Según Ockham, la razón y la fe no podían armonizarse
como pretendió hacerlo el tomismo. Las cuestiones fundamentales de la teología,
tales como la existencia de Dios y la inmortalidad del alma, no son
demostrables por medio de la razón. Son sólo artículos de fe. Dado que Dios
tiene libertad absoluta debido a que es omnipotente, su voluntad no puede estar
limitada o determinada por ningún plan u orden. Este voluntarismo radical
implicaba que todo lo que existe es contingente, incluso las mismas leyes que
rigen el universo. Si no hay un orden, entonces no hay esencias inmutables. Es por
eso que es imposible que exista una teología racional.
· Crítica
a las nociones de causa y sustancia.
La palabra “ser” sólo puede significar aquella realidad que conocemos a
través de los sentidos. Por lo tanto, la noción de sustancia hace referencia a
algo desconocido que está detrás de las cualidades sensibles de las cosas, que
es lo único que podemos conocer. La noción empirista de causa implica que no
podemos conocer con certeza cuál es la causa o efecto de un hecho. Dado que
todo lo que existe siempre pudo haber sido distinto de como es, el conocimiento
de relaciones causales entre fenómenos depende de la experiencia y no de la
razón.
·Crítica
a la idea de inmortalidad.
Nuestra experiencia interna no nos revela la existencia del alma. De lo
único que somos conscientes es de una serie de sentimientos y operaciones
mentales. Tampoco podemos saber, en consecuencia, si el alma es inmortal e
inmaterial. La experiencia más bien parece mostrarnos lo contrario. La creencia
en la inmortalidad es un asunto de fe.
·
Pensamiento
político.
Ockham fue un gran enemigo del poder absoluto del Papa. En este sentido
consideraba que se debía devolver a la Iglesia su sentido de libre comunidad de
fieles creyentes. Decía que el ministerio del pontífice debería consistir básicamente
en defender la libertad de conciencia y de pensamiento.
|
“Los conceptos universales son una realidad mental sin fundamento alguno
en las cosas; a esto se ha llamado nominalismo: los universales son nombres,
signos, actividades de nuestra mente”
|
LA FILOSOFÍA RENACIENTISTA
“Con el Renacimiento comienzan nuevos tiempos. Todo está en movimiento. Se ensayan todas las direcciones: renovación de lo antiguo,
vuelta a lo nuevo, exaltación por grandeza conseguida y recaída en la duda; ya
espera todo de la clara razón, ya se vuelve a poner la esperanza en los
misterios de la naturaleza y en la fuerza del destino; ahora se aclama al hombre
como a un segundo Dios, ahora el hombre se declara incapaz de olvidar al Dios
verdadero.

En los mismos comienzos del Renacimiento nos
encontramos con lo que ha dado el nombre a la época: el renacimiento de lo
antiguo. El empuje exterior lo da el contacto de oriente y occidente en los
concilios unionistas de Ferrara y Florencia (1438), así como la inmigración en
Italia de numerosos sabios procedentes de Bizancio, perdida para occidente en
1453. Pero la misma ciencia medieval había ya suspirado, en sus adentros, por
las fuentes genuinas. Ya en 1440 había surgido en la Florencia de los Médicis
una nueva Academia platónica que no
tardó en brillar con nombres destacados: Pletón, Besarión, Ficino, Pico della
Mirandola. Vuelve a haber platónicos, pero también aristotélicos, estoicos y epicúreos.
El humanismo desentierra todo lo que es antiguo. Y no solo los libros; también
el espíritu de la antigüedad, el espíritu pagano es resucitado a nueva vida. Se
rebaja el cielo hasta la tierra. El hombre es “Dios en la tierra”. Mientras todavía Dante había diseñado un orden metafísico y trasmundano,
el ser y lo que debe ser ahora el hombre es descrito tal como es, con sus
lágrimas y sus risas, con lo que tiene de grave y lo que tiene de ridículo;
cualquier cosa, cualquier cosa con tal que sea “humana” merece ser objeto del
arte y de la filosofía. En comparación con la Edad media es éste realmente un
espíritu nuevo. Compárese también con el Cusano, para quien también es el hombre
la medida de todas las cosas, pero sin olvidar al mismo tiempo que el Dios
trascendente es la medida última y primordial…

Como mérito especial del Renacimiento se ha celebrado siempre el nacimiento de las modernas ciencias de la naturaleza. Como sus precursores se citan algunos filósofos italianos de la naturaleza, sobre todo Giordano Bruno, (1548-1600), que fue, más que un investigador un bardo de la doctrina del uno-todo. Los verdaderos progresos son los de COPERNICO, KEPLER, GALILEO GALILEI y GASSENDI, seguido mas tarde por BOYLE y NEWTON... En el Renacimiento pervive todavía la Escolástica”. (Tomado del capítulo primero: Renacimiento. Johannes
Hirschberger)
La filosofía renacentista estuvo marcada en su origen
por el declive de la teología, en un mundo abocado a la modernidad que, sin
renunciar aún a la religión, la circunscribe al ámbito espiritual y personal
del individuo. La nueva forma de afrontar los problemas del ser humano será el
racionalismo, el uso de la razón aplicada a la sociedad y a la naturaleza.
Aun así, la religión siguió presente en buena medida durante esta época, aunque
derivó de la teología escolástica hacia el misticismo, hacia una relación con
Dios basada más en el sentimiento que en el conocimiento, así como en la
acción, la obra de acercamiento a Dios, como se percibe en la obra de Jan van
Ruysbroek, Dionisio Cartujano y Tomás de Kempis.

La nueva corriente de estos tiempos será el humanismo, más interesado en el hombre y la naturaleza que en las cuestiones divinas y
espirituales. El naturalismo impregna todos los ámbitos del saber, y así se
habla no solo de la ciencia natural, sino también del derecho natural, la moral
natural e, incluso, la religión natural, una religión que abandona todo lo
sobrenatural (revelación, dogma) para ser fiel reflejo de la posición del ser
humano en el mundo. El humanismo se fundamenta, como el arte, en la oposición
a la cultura medieval y el retorno a la antigüedad clásica; sin embargo, buena
parte de la filosofía renacentista evoluciona de la medieval en una línea
continua que llega hasta Descartes, no en vano la escolástica medieval estaba
fundamentada en la filosofía griega platónica y aristotélica. Aun así,
numerosos humanistas despreciaron el aristotelismo escolástico por ser
excesivamente teologizado, y abordaron a Platón desde la obra de sus seguidores
posteriores, el llamado neoplatonismo, especialmente desde el terreno de la
filosofía estoica que, como la renacentista, incidía más especialmente en el
ser humano como medida de todas las cosas. Sin embargo, muchos de estos autores
abordaron el tema desde una postura superficial y poco rigurosa, sin
profundizar en los aspectos ontológicos y metafísicos de los clásicos griegos,
sin analizar la nueva situación intelectual del ser humano alejado de Dios,
cuestión que no llegará hasta el cartesianismo.

El pensamiento humanístico
nació en Italia,
especialmente en torno a la Academia Platónica Florentina patrocinada por Cosme
de Médici, que aglutinó a pensadores como Marsilio Ficino, Giovanni Pico della
Mirandola, Cristoforo Landino, Angelo Poliziano o Benedetto Varchi. Otros se
encaminaron más hacia la política, como Nicolás Maquiavelo, forjador del
autoritarismo monárquico como seña de identidad de las nuevas naciones-estado
surgidas en esta época; o hacia el naturalismo, como Leonardo Da Vinci y
Bernardino Telesio. En Francia, el humanismo tuvo un componente más
escéptico, representado por Michel de Montaigne o Pierre Charron, mientras que
algunas figuras se adhirieron a la reforma protestante, como Pierre de la Ramée
o Henri Estienne. En Inglaterra destacó la figura de Tomás Moro, canciller
de Enrique VIII, quien lo decapitó por oponerse a la reforma anglicana; fue
autor de Utopía, un esbozo de estado ideal de reminiscencias platónicas.
Pero el más afamado humanista surgió en Holanda: Erasmo de Róterdam, que
escribió en latín, con un estilo vivo y elegante, fiel al dogma católico, pero
de mentalidad abierta y comprensiva, reflejo de un espíritu de concordia; fue
autor del Elogio de la locura (1511).
En Alemania no recaló tanto el humanismo de carácter
marcadamente literario como en otros países europeos, y la filosofía se
encaminó más a la mística especulativa, heredera del Maestro Eckhart; otras
figuras mezclaron esta tendencia con elementos de las ciencias naturales o aún
de la alquimia y la astrología, como Agrippa von Nettesheim o Paracelso. Por
otro lado, la Reforma protestante contó con figuras como Martín Lutero,
Zwinglio, Philipp Melanchthon, Sebastián Franck y Jakob Böhme.
En España el pensamiento filosófico no rompió del todo
con el pasado medieval, y mostró un especial interés por la lingüística, tanto
clásica como vernácula (Antonio de Nebrija, Benito Arias Montano). La corriente
escéptica estuvo representada por Francisco Sánchez, mientras que el humanismo
antiescolástico —pero heredero de la tradición católica— contó con la figura de
Juan Luis Vives, preocupado especialmente por la moral y la educación. Por otro
lado, una reacción escolástica estuvo originada por la Contrarreforma
tridentina que revivió el misticismo y contó con figuras como santa Teresa de
Jesús y san Juan de la Cruz.
Por otro lado, además del humanismo hay otras
corrientes de pensamiento que a través de diversas vías, aparentemente
dispares, convergerán en la filosofía cartesiana y en los fundamentos de la
filosofía moderna: una es heredera del pensamiento medieval, representada por
Nicolás de Cusa o por la escolástica española; otra está más preocupada por la
naturaleza y dará origen a la ciencia física moderna. Nicolás de Cusa,
cardenal y obispo de Bresanona, intentó conciliar la doctrina católica con la
teoría platónica, a través de una noción de Dios infinito y trascendente en el
que se aglutinan la verdad y la realidad (De docta ignorantia, 1440). La
escolástica española estuvo muy ligada a la Contrarreforma, y se asoció
especialmente con la orden de los jesuitas; de influencia tomista, estuvo
representada por Francisco de Vitoria, Alfonso Salmerón, Luis de Molina y, especialmente,
Francisco Suárez. El estudio de la naturaleza dio en el terreno filosófico la
relevante figura de Giordano Bruno, autor de una doctrina panteísta por la que
fue quemado por hereje, y defensor de la razón y la experiencia como única vía
para conocer el mundo. También influyeron en la filosofía las nuevas teorías
científicas de Nicolás Copérnico, Johannes Kepler y Galileo Galilei.
Humanismo renacentista
El humanismo renacentista es un movimiento intelectual, filosófico y cultural europeo estrechamente ligado al Renacimiento
cuyo origen se sitúa en la Italia del siglo XV (especialmente en Florencia,
Roma y Venecia), con precursores anteriores, como Dante Alighieri, Francesco
Petrarca y Giovanni Boccaccio. Busca los modelos de la Antigüedad Clásica y
retoma el antiguo humanismo greco-romano. Mantiene su hegemonía en buena parte
de Europa hasta finales del siglo XVI. A partir de entonces se fue
transformando y diversificando con los cambios espirituales provocados por el
desarrollo social e ideológico: los principios propugnados por la Reforma
protestante (luteranismo, calvinismo, anglicanismo) y la Contrarreforma
católica; y más adelante (hasta finales del siglo XVIII) la Ilustración y la
Revolución francesa.

El Humanismo propugnaba, frente al canon eclesiástico en prosa, que imitaba el latín tardío de los Santos Padres y empleaba el simple
vocabulario y sintaxis de los textos bíblicos traducidos. En pocos casos estos textos fueron traducidos gracias al
trabajo, entre otros, de Averroes y a la infatigable búsqueda de manuscritos
por eruditos monjes humanistas en los monasterios de toda Europa.
En consecuencia el
humanismo debía restaurar todas las disciplinas que ayudaran a un mejor
conocimiento y comprensión de estos autores de la Antigüedad Clásica, a la que
se consideraba un modelo de conocimiento más puro que el debilitado en la Edad
Media, para recrear las escuelas de pensamiento filosófico grecolatino e imitar
el estilo y lengua de los escritores clásicos, y por ello se desarrollaron
extraordinariamente la gramática, la retórica, la literatura, la filosofía
moral y la historia, ciencias ligadas estrechamente al espíritu humano, en el
marco general de la filosofía: las artes liberales o todos los saberes dignos
del hombre libre frente al dogmatismo cerrado de la teología, expuesto en
sistemáticos y abstractos tratados que excluían la multiplicidad de
perspectivas y la palabra viva y oral del diálogo y la epístola, típicos
géneros literarios humanísticos, junto a la biografía de héroes y personajes
célebres, que testimonia el interés por lo humano frente a la hagiografía o
vida de santos medievales, y la mitología, que representa un rico repertorio de
la conducta humana más sugerente para los humanistas que las castrantes
leyendas piadosas, vidas de santos y hagiografías de Jacopo della Vorágine y su
leidísima Leyenda dorada. Este tipo de formación se sigue considerando aún hoy
como humanista.

Foto de archivo -
Catedral de Santa María del Fiore en Florencia, Italia. Imagen Paisaje urbano
hermoso con techos rojos de renacimiento y de la arquitectura medieval.
La emigración de sabios bizantinos: debido a que el
Imperio bizantino estaba siendo asediado por los turcos, muchos de ellos
buscaron refugio en Europa Occidental, especialmente en Italia, llevando con
ellos textos griegos, promoviendo la difusión de la cultura, los valores y el
idioma griego.
La invención de la imprenta: este invento de Gutenberg
permitió el abaratamiento del costo y la difusión de los libros, garantizando
la difusión masiva de las ideas humanistas y la aparición del sentido crítico
contra el magíster dixit o argumento de autoridad medieval.
La llegada al solio pontificio de Tomas Parentucelli,
(Papa Nicolás V) y de Eneas Silvio Piccolomini, (Pío II) convierte a Roma en
uno de los grandes focos del Humanismo.
La acción de los mecenas: los mecenas eran personas que con su protección política, con su aprecio por el saber antiguo, con su
afán coleccionista o con la remuneración económica a los humanistas para que se
establecieran o costearan sus obras en la imprenta, facilitaron el desarrollo
del Humanismo. Estas personas reunían obras clásicas y llamaban a eruditos
conocedores de la literatura griega y romana; por si eso fuera poco, los
acogían en sus palacios. Entre los mecenas más destacados sobresalen: la familia
de los Médici de Florencia Lorenzo de Médicis, llamado el Magnífico y su
hermano Juliano de Médicis, los pontífices romanos Julio II y León X, Cristina
de Suecia.
La creación de universidades, escuelas y academias: las universidades (como la de Alcalá de Henares, Lovaina, etc.) y las escuelas
del siglo XV contribuyeron en gran parte a la expansión del Humanismo por toda
Europa. (Tomado de: página de wikipedia)
ALGUNOS REPRESENTANTES DEL HUMANISMO
Giovanni Pico
della Mirandola

(Mirandola, actual Italia, 1463 - Florencia, 1494)
Humanista y filósofo italiano. Estudió derecho en la Universidad de Bolonia y
en los más importantes centros de Italia y Francia. En pleno auge del
Renacimiento, publicó en Roma sus célebres novecientas tesis, tituladas
Conclusiones philosophicae, cabalisticae et theologicae (1486). En ellas
manifestó la intención de demostrar la verdadera naturaleza del cristianismo,
considerándolo como el punto de confluencia de todas las tradiciones
filosóficas anteriores, incluidas la filosofía griega, la astrología, la cábala
y la magia. Sus teorías fueron combatidas duramente por la curia romana y trece
de sus tesis fueron condenadas por los teólogos de la época, motivo por el cual
fue perseguido por hereje y pasó tres meses encerrado en la torre de Vincennes.
Tras ese período, se encomendó a la protección de Lorenzo el Magnífico, en Florencia.
En 1489 publicó Heptaplus, comentario cabalístico sobre el libro del Génesis, y
en 1492 De ente et uno, una crítica al platonismo de Marsilio Ficino. Falleció
tras ser envenenado por su secretario.
Por sus tesis sobre la superioridad y el protagonismo del hombre en el universo y sobre la libertad de la conciencia y la voluntad
humana, el escritor y filósofo italiano Pico della Mirandola es considerado una
de las figuras centrales del humanismo.
Erasmo de
Rotterdam
(Desiderio Erasmo de Rotterdam; Rotterdam, 1466 - Basilea, 1536) Humanista neerlandés de expresión latina. Clérigo regular de san
Agustín y sacerdote , pero incómodo en la vida religiosa (que veía
llena de barbarie y de ignorancia), Erasmo de Rotterdam se dedicó a las letras
clásicas y, por su fama de latinista, consiguió dejar el monasterio como
secretario del obispo de Cambrai (1493).
Cursó estudios en París (1495) y, tras dos breves
estancias en los Países Bajos (1496 y 1498), decidió llevar vida independiente.
En tres ocasiones visitó Inglaterra, donde trabó
amistad con Jane Colet y Tomás Moro, en cuya casa escribió su desenfadado e
irónico Elogio de la locura (1511), antes de enseñar teología y griego en
Cambridge.
En sus viajes, Erasmo de Rotterdam visitó también Padua, Siena, Roma (1509) y diversas ciudades de Alemania (1514), en cuyos
círculos humanísticos fue acogido de forma triunfal. El papa León X le dispensó
de tener que vestir el hábito para que viviese en el mundo y fue nombrado
consejero del emperador Carlos V, a quien dedicó la Institución del príncipe
cristiano (1516).
Aunque inicialmente no le prestó gran atención, el crecimiento del problema luterano le hizo cada vez más difícil su insistente
pretensión de neutralidad. Si en 1517 se había ido a Lovaina, en 1521 hubo de
salir de la ciudad y volver a Basilea por lo insostenible de su situación (aun
distanciándose claramente de Martín Lutero, insistía en ser no beligerante) y
para guardar su independencia. Pero en 1524 lanzó su Disquisición sobre el
libre albedrío, con una violenta respuesta de Lutero (Sobre el albedrío
esclavo, 1526) y con su correspondiente réplica (Hyperaspistes, 1526). Y, pese
a su neutralidad en la pugna de Enrique VIII de Inglaterra con el papa Clemente
VII, su Ciceroniano (1527) refleja ya el desengaño de quien ve sus ideales
contrariados por los hechos.
Para unos hereje (que preparó el terreno a la
Reforma), para otros racionalista solapado u hombre de letras ajeno a la
religiosidad (un Voltaire humanista) y para otros gran moralista y lúcido
renovador cristiano, Erasmo de Rotterdam quiso unir humanismo clásico y dimensión
espiritual, equilibrio pacificador y fidelidad a la Iglesia; condenó toda
guerra, reclamó el conocimiento directo de la Escritura, exaltó al laicado y
rehusó la pretensión del clero y de las órdenes religiosas de ostentar el
monopolio de la virtud.

Nicolás
Maquiavelo
(Florencia, 1469-1527) Escritor y estadista
florentino. Nacido en el seno de una familia noble empobrecida, Nicolás
Maquiavelo vivió en la Florencia de los Médicis, en tiempos de Lorenzo el
Magnífico y Pedro II de Médicis. Tras la caída de Girolamo Savonarola (1498)
fue nombrado secretario de la segunda cancillería encargada de los Asuntos
Exteriores y de la Guerra de la ciudad, cargo que ocupó hasta 1512 y que le
llevó a realizar importantes misiones diplomáticas ante el rey de Francia, el
emperador Maximiliano I de Habsburgo y César Borgia, entre otros.
Su actividad diplomática desempeñó un papel decisivo en la formación de su pensamiento político, centrado en el funcionamiento del
Estado y en la psicología de sus gobernantes. Su principal objetivo político
fue preservar la soberanía de Florencia, siempre amenazada por las grandes
potencias europeas, y para conseguirlo creó la milicia nacional en 1505.
Intentó sin éxito propiciar el acercamiento de posiciones entre Luis XII de
Francia y el papa Julio II, cuyo enfrentamiento terminó con la derrota de los
franceses y el regreso de los Médicis a Florencia (1512).
Como consecuencia de este giro político, Maquiavelo cayó en desgracia, fue acusado de traición, encarcelado y levemente torturado
(1513). Tras recuperar la libertad se retiró a una casa de su propiedad en las
afueras de Florencia, donde emprendió la redacción de sus obras, entre ellas su
obra maestra, El príncipe (Il principe), que Maquiavelo terminó en 1513 y dedicó
a Lorenzo de Médicis (a pesar de ello, sólo sería publicada después de su
muerte).
En 1520, el cardenal Julio de Médicis le confió varias misiones y, cuando se convirtió en Papa, con el nombre de Clemente VII (1523),
Maquiavelo pasó a ocupar el cargo de superintendente de fortificaciones (1526).
En 1527, las tropas de Carlos I de España tomaron y saquearon Roma, lo que
trajo consigo la caída de los Médicis en Florencia y la marginación política de
Maquiavelo, quien murió poco después de ser apartado de todos sus cargos.
La obra de Nicolás Maquiavelo se adentra por igual en
los terrenos de la política y la literatura. Sus textos políticos e históricos
son deudores de su experiencia diplomática al servicio de Florencia, caso de
Descripción de las cosas de Alemania.
En El príncipe, obra inspirada en César Borgia
(destacada figura de la casa de los Borgia), Maquiavelo describe distintos
modelos de Estado según cuál sea su origen (la fuerza, la perversión, el azar)
y deduce las políticas más adecuadas para su pervivencia. Desde esa perspectiva
se analiza el perfil psicológico que debe tener el príncipe y se dilucida
cuáles son las virtudes humanas que deben primar en su tarea de gobierno.
Maquiavelo concluye que el príncipe debe aparentar poseer ciertas cualidades,
ser capaz de fingir y disimular bien y subordinar todos los valores morales a
la razón de Estado, encarnada en su persona.
Tomás Moro
(Thomas More; Londres, 1478 - 1535) Político y
humanista inglés. Procedente de la pequeña nobleza, estudió en la Universidad de
Oxford y accedió a la corte inglesa en calidad de jurista. Su experiencia como
abogado y juez le hizo reflexionar sobre la injusticia del mundo, a la luz de
su relación intelectual con los humanistas del continente (como Erasmo de
Rotterdam). Desde 1504 fue miembro del Parlamento, donde se hizo notar por sus
posturas audaces en contra de la tiranía.
Su obra más relevante como pensador político fue Utopía (París, 1516). En ella criticó el orden político, social y religioso
establecido bajo la fórmula de imaginar como antítesis una comunidad perfecta;
su modelo estaba caracterizado por la igualdad social, la fe religiosa, la
tolerancia y el imperio de la ley, combinando la democracia en las unidades de
base con la obediencia general a la planificación racional del gobierno.
A pesar de haber mantenido en el plano teórico estas
aspiraciones premonitorias del pensamiento socialista, Tomás Moro fue prudente
y moderado en cuanto a la posibilidad de llevarlas a la práctica, por lo que no
combatió directamente al poder establecido ni adoptó posturas ideológicas
intransigentes.
Acabó rompiendo relación con Enrique VIII por razones de conciencia, pues era un católico ferviente que incluso había pensado
en hacerse monje. Moro declaró su oposición a Enrique y dimitió como canciller
cuando el rey quiso anular su matrimonio con Catalina de Aragón, rompió las
relaciones con el Papado, se apropió de los bienes de los monasterios y exigió
al clero inglés un sometimiento total a su autoridad (1532).
Su negativa a reconocer como legítimo el subsiguiente
matrimonio de Enrique VIII con Ana Bolena, prestando juramento a la Ley de
Sucesión, hizo que el rey le encerrara en la Torre de Londres (1534) y le
hiciera decapitar al año siguiente. La Iglesia católica lo canonizó en 1935.

Después de haber hecho una muy buena lectura del texto y haber visto el vídeo, me pongo en contexto con la siguiente actividad, no sin antes recordar que debo ser ordenado u ordenada en la presentación del trabajo y tener claridad en mis respuestas aprovechando mi sentido crítico.
1. Escribo 10 palabras que me son desconocidas y busco su significado.
2. Establezco la diferencia entre la Filosofía Medieval con la Filosofía del Renacimiento.
3. Señalo los factores que generaron los cambios de mentalidad en los pensadores renacentistas y argumento las respuestas.
4. Señalo el lugar dónde se generaron los primeros inicios de la filosofía renacentista y explico de que forma se empezó a manifestar.
5. Escribo las ideas centrales del pensamiento de Pico della Mirandola, Erasmo de Rotterdam, Nicolás Maquiavelo y Tomás Moro.
FASE DE SALIDA

En esta última fase tengo en cuenta la manera adecuada de presentar el trabajo completo, como letra muy legible, buen manejo de ortografía, responsabilidad para presentar el trabajo de manera autentica y sin plagio.
1. Aclaro las dudas que haya encontrado en la guía junto con el profesor.
2. Recuerde que la nota de la presentación del trabajo es de acuerdo a la propia sustentación.
2. Repaso muy bien la guía para la evaluación.
BIBLIOGRAFÍA:
Historia de la Filosofía, editorial Santillana Grado 10°
Apartes del Texto sobre el Reanacimiento, autor Johannes Hirschberger
Imágenes tomadas de páginas de internet.
Vídeos tomados de Youtube
Dicicionario de Filosofía, Ed. Panamericana.